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Temporada de caza para el león negro, o la historia de Golo el maldito

Publicado el 08 Abril 2009 por Joel Flores

portada-del-libro

Temporada de caza para el león negro,

Tryno Maldonado,

Editorial Anagrama, 2009.

Por Joel Flores

Temporada de caza para el león negro de Tryno Maldonado (Zacatecas, México, 1977) es una novela de corta duración temporal. Su estructura, fragmentaria y en espiral, se revela como dos capas narrativas que se unen entre sí para ser una sola. Crítica los círculos maleados del arte en México, particularmente en el área de la pintura, y narra las manías y obsesiones de un pintor joven de talento descomunal. La novela se configura dentro del repertorio de las obras molestas, burlonas, que han dado de palos a los círculos o muéganos artísticos, y a quienes imperan en ellos: El miedo a los animales de Enrique Serna y La muerte de un instalador de Ãlvaro Enrigue. Temporada de caza y la pieza narrativa de Enrigue mantienen una vital comunicación en cuanto a su temática. Si Enrigue crea una diatriba cargada de ingenio contra la frialdad del arte conceptual, el de la instalación, y contra los mecenas corruptos que siempre terminan haciendo de los artistas su creación individual, la novela de Maldonado arremete contra el mismo ambiente, pero también contra los galeristas de un México viciado por el márquetin y la propaganda, y sus trucos para crear una generación de pintores nacidos en los setentas con fines lucrativos.

La novela de Tryno Maldonado se desune gracias a lo estilístico y la visión narrativa de la de Enrigue en una medida más que considerable. Con Temporada de caza logra un discurso prolijo, de frases cortas y contundentes, que tiene brillos propios. La estructura de la novela es mediática como los anuncios televisivos, atiende a las propuestas que Calvino escribió antes de la entrada de este milenio: la levedad debe estar al servicio de la historia, el discurso con que se cuenta debe estar marcado por la celeridad y el contador de historias sólo debe detenerse cuando lo llamen la esencia de las cosas.

Temporada de caza para el león negro es una novela confesional. La historia está contada por el amante de Golo, un personaje gay, pequeño-burgués, cuyas ilusiones de ser pintor se ven frustradas por la deficiencia visual del daltonismo. Esta voz cobra características propias mientras cuenta las extravagancias de Golo y sus experiencias destructivas. Así como los pleitos que tenían como pareja, los días enteros que los dedicaban a coger, y cómo Golo va convirtiendo en un artista famoso.

Golo es un pintor joven, con daimon, enigmático, desaliñado y de dreadlocks. Golo, simplemente, es el niño genio de la pintura mexicana. Puede cambiar su entorno si lo quiere, pero no le afecta lo mal construido que está lo de su alrededor. Su historia nos recuerda a otras cuantas más que nunca dejaremos de repetirnos. La de Jim Morrison, por ejemplo, o la de Kurt Cobain. Nos recuerda también al infant terrible de Rimbaud en una Francia azulada. Sólo que en esta historia, la de Golo, cambiemos la absenta y el ajenjo por los hiperbólicos, el XTC y la cocaína.

Maldonado logró rescatar un registro viejo y lo actualizó con el carácter de lo nuevo. Creó un personaje regido por las mismas máximas de los malditos: vivir como reyes en poco tiempo, remover consciencias, crear una leyenda sobre uno mismo y morir hermosos antes de los treinta añosâ€. Golo no es de los tantos expulsados, tampoco es un cínico ni un derrotado. Personajes que están naciendo constantemente en la literatura contemporánea. Simplemente es Golo, el chico que expulsa y desune y se burla. Es el engrane molesto, la horma del mal. Le importa un bledo si el mundo se desmorona en una palmada, o si la muerte lo acecha en un abrir y cerrar de ojos. Lo que nutre a Golo, lo que le da vida, es el sistema de creación de no presentarse sino hacerse presente, ser incendiario. Golo es un personaje que tiene la osadía de actuar como si estuviera atestando golpes. En esta novela están por encima de todo las acciones. Su autor no desperdicia páginas en la reflexión, ni en la descripción morosa y cansada. Sabe que narrar se asemeja un tanto al atraco de un banco: entre más rápido se cimbre el miedo en los cajeros, más rápido se ven obligados a entregar el dinero, y el autor podrá salir bien librado del robo. Su prosa rápida y certera nos recuerda a la de Hemingway, el contador de relatos. Cada frase, sin importar lo corta que sea, debe trasmitir una experiencia.

Pero las coincidencias textuales no finalizan aquí. Golo viene siendo, desde una mirada comparativa, el símbolo de la teoría del ice-berg de Hemingway: sabemos poco del pintor, pero lo que sabemos es suficiente para sentirlo vivo y cercano.

Tryno Maldonado es un autor que cambia en cada libro. Hablo de un escritor que va encontrando la madurez, el conocimiento y uso de las herramientas narrativas en cada obra que escribe. En Temporada de caza para el león negro hay destellos singulares de un escritor con una intuición privilegiada y un aliento narrativo versátil. Es admirable no ver en esta nueva novela ecos de una voz desconsolada, demandante y siempre vapuleada como la de Friedl, protagonista de Viena roja, ni tampoco ese lenguaje barroco y en ocasiones maquillado como el que se lee en Temas y variaciones.


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