Buying Antibioticscafe (2)” src=”http://test.elnocturnodiurno.com/files/2011/10/cortadores-de-cafe-2-300×247.jpg” alt=”" width=”300″ height=”247″ />En nuestra época, tan reflexiva y razonadora, no llegará muy allá quien no sepa aducir una razón fundada para todo, por muy malo y errado que ello sea. Todo el mal que se ha hecho en el mundo, se ha hecho por razones fundadas (Hegel, Enzyklopädie, primera parte: Lógica, p. 259).
A los cortadores de café.
Hay razones fundadas para pagarle 140 córdobas las ocho horas de trabajo a un trabajador de un beneficio de café. Quién sabe cuanto le darán al cortador de café nicaragüense. No llega a los siete euros, creo que ni a
los seis.
Ah, es que les dan el almuerzo.
En definitiva, menos de un euro la hora, y ello porque Brazil tendrá una sobreproducción de 65 millones de sacos tomando en cuenta que los agropecuarios acarrean deudas de las anteriores crisis, que
los cafetos no tienen tantos granos por manzana de tierra.
Y todo eso, ¿se lo tiene que comer el trabajador
? Pues tienen el estómago lleno de desgracias. Buy Roxithromycin onlines Y todo ello porque sigue primando la maquiavélica política, del “hacer creer”. Basta de hacer creer, basta
de esas razones fundadas para el deterioro de unas familias y el privilegio de otras. Esas razones fundadas tal como las define Hegel, no son más que un acápite de la sofí stica que envuelve al mundo.
Ya lo sentenció René Descartes en las primeras dos líneas del discurso del método: “El buen sentido es la mejor cosa repartida en el mundo, pues todo mundo cree tener lo suficiente”.
Sí, todos tienen sus razones, tanto para trastocar los derechos laborales como para defender
los.
Clomid Online Pero aquí no hablaré de una razón más. Si lo hago caería en la ineludible dialé ctica del defensor de razones y el destructor de las mismas.
Aquí solo dejaré constancia de la Ópera de tres centavos que vive cada una de esas personas, y que no tienen un Bertolt Brecht que les acompañe en su recogida de granos, en su acarreo de latas, en su constante mirar al suelo, como si cada cafeto fuese un monarca francés o inglés, al que no le está permitido mirar a los ojos.
Y no saben que el café se vende en dólares y no en córdobas; sin embargo, para algo son bueno los córdobas: para dar menos al trabajador.
La frase con la que inicia este texto, la incluye Marx en El capital, precisamente cuando habla sobre el sistema de turnos en el trabajo, cuando desenmascara la artimaña del fabricante de acero, que no tenía vergüenza de contratar a niños de entre nueve y catorce años, para lidiar con aquellos dragones que tragaban metales, como tragan las calderas, con el anzuelo
para-que-aprendan-el-oficio.
Incluso eso estaba justificado.
La razón sandersoniana era su nombre.
Yo más bien le llamaría “ars sofistica”, tal como le llama Kant en Lógica: Introducción II. 1: “En tiempo de los griegos los dialécticos eran abogados y retóricos que conducían al pueblo como querían, porque el pueblo se dejaba extraviar por la apariencia.
La dialéctica ha sido, pues, por mucho tiempo el arte de la apariencia; por mucho tiempo también ha sido enseriada en lógica este arte de la apariencia bajo el nombre de arte de disputar.
Durante este tiempo la lógica y la filosofía, no consistía más que en formar ciertos charlatanes para cohonestarlo todo con la suerte”.
Texto publicado originalmente en ELNOCTURNODIURNO
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